martes, 31 de julio de 2018

El escritor

Escribir una novela , para no publicar , puede proporcionar satisfacción , recreo, descanso, vaciarse de una carga que lastra demasiado,  porque además el autor puede exagerar , opinar , crear personajes a su antojo , se parezcan o no a la realidad : soñar una Dulcinea o retratar un maltratador , cosa que en su vida cotidiana no le es posible o, al menos, no se atreve a exteriorizar opiniones o fantasías ; en este último caso el escritor viajará sin importarle el costo del hotel de lujo , se dirigirá a la muchacha que , sola, está sentada en la mesa de la cafetería; el escritor no se verá físicamente a sí mismo , incluso lo evita, sino que solo le importará hacer "realidad" lo que nunca pudo conseguir , por timidez, acercarse a esa muchacha con la que nunca pudo hablar.

Viene esto a cuento porque hace dos días asistí en el Ateneo de Santander a la presentación , en privado, de una novela "Un psicópata cualquiera" de Manuel Cobo Barreras, editada por Tantín ed.

Una de las invitadas , señora mayorcita, quería saber qué hacía falta para ser escritora . Le contestaron acertadamente: tener imaginación.

Oyendo a Manuel Cobo me vino el recuerdo,  después de los muchos años que han pasado, de otro escritor ; de su vida , mis conversaciones con él, sus experiencias: 

 Frecuentaba con cierta asiduidad , por razones de trabajo, la oficina de gestión que se encontraba en la primera planta de un edificio en la calle Juan de Herrera de Santander. Durante mucho tiempo me atendió Vicente, que por aquellas fechas podía ser el ayudante o subalterno del señor que ocupaba la mesa principal y que siempre lo encontré con la pluma en la mano corrigiendo o rectificando el documento que había extraído de los varios montones de papeles apilados sobre la mesa . Me recordaba la redacción de aquellas  novelas de detectives : "oculto entre una montaña de expedientes...",  pasaron meses hasta que , por la ausencia de Vicente, nos vimos casi obligados a entablar la primera conversación ; Antonio no tartamudeaba , pero tenía una especie de indecisión  al hablar, con frase corta y rápida para ,al poco, seguir refugiado en el repaso de sus documentos.   

No pude menos que preguntar a Vicente sobre su compañero Antonio: "Es escritor, me dijo, y su esposa también. Terminamos el trabajo a las dos de la tarde y a partir de esa hora , dedica todo su tiempo a sus novelas que ha publicado por cientos ; novelas de bolsillo , baratas , de edición en rústica ,yo no he leído ninguna , creo que son del oeste y su mujer que ha publicado más ,escribe novelas rosa"

Quedé impresionado ; a  mi edad, joven entonces, la figura del escritor no era la del escribiente rutinario , la del empleado de la "oficina siniestra" ; quise borrar mi imagen real de Antonio a quien en pocos días llegué a apreciar y solo le veía , como me había relatado Vicente, agachado sobre la mesa de trabajo en su casa , en alguna buhardillo sobre su piso ,alumbrado por un flexo de luz mortecina . Soñando, creando.

Siguieron ratos de charla , pero cortos siempre ,al menos eso me parecía. Creí entenderle que su mujer tenía parentesco con mi familia , pero me lo dijo con su brevedad de siempre para enfrascarse de nuevo en su trabajo.
Uno de los días , lo busqué, en que le encontré solo  me propuse hacerle hablar, que me contara algo de su vida de escritor , yo deseaba me abriera las puertas a ese mundo para mí desconocido. Y lo conseguí .A mí me mereció el esfuerzo de ambos, para tí , tu dirás:

Un par de meses atrás había recibido carta de una institución sueca cuyo equivalente en España sería la Sociedad de Autores; le comunicaban que se había traducido a su idioma una de sus novelas ; que el derecho de autor generaba un importe y esperaban su contestación para saber en qué forma se lo enviaban. 

Recuerdo a Antonio contándome esto y  al principio pensé en la satisfacción que  le podía producir, pero me lo contó con una cierta desgana  y una risita corta , por lo que creo que no quería terminar ,y seguir ,como otras veces, con su trabajo.

- ¿Y en qué terminó todo? Le pregunté.

- Me volvieron a escribir proponiéndo enviarme un jersy , típico sueco ,de los que se usaban aquí en la nieve, por el importe de los derechos.

-¿Qué contestaste?

-Que sí , que bien , que como quisieran.

-Supongo que llegó el jersey  y a portes pagados, le dije. 
¿Precioso?

-Sí, sí, en casa está ,guardado en un cajón ,me está grande.







Este es un relato real.  No he vuelto a ver a Antonio ni a Vicente. JoséLuis Quintana